Ejercicio 8: las areas del hemisferio izquierdo son más activas cuando hablamos, leemos o escuchamos alguien hablar;

una lesión en estas areas tiene repercusiones en el uso del lenguaje.

 

Ejercicio 9: después de someter el animal a los experimentos , como la asociación de las palabras a las imágenes, el chimpancé reconoce las cosas y las cita con sonidos vocales que acuerdan a la palabra efectiva que ha sido primero prununciada por un profesor. Por ejemplo el chimpancé pronuncia el sonido “asa” o “sa” como decir e indicar la palabra “casa”. A través de otros ejercicios creemos que el animal puede aprender a hablar.

 

Ejercicio 10: 

– Hay palabras y oraciones que un niño puede aprender referiendose a otras escuchadas antes. Por ejemplo puede hablar al futuro utilizando oraciones que ha aprendido de sus padres. Sin embargo, otros mecanismos del lenguaje los utiliza espontáneamente.

– No todo lo que aprendemos de una lengua lo aprendemos por imitación. Podemos aprender algunos gestos o palabras, pero sólo la imitación no nos permite hablar correctamente una lengua; otros procesos involuntarios y, también la enseñanza de parte de expertos, nos permiten de comprender los errores que hacemos.

– El lenguaje puede ser el resultado de estímulos: por ejemplo si tenemos hambre, podemos pedir algo de comer. Sin embargo, podemos decir tranquilamente, sin alguna pregunta, que es un hermoso día.

– Nuestro cerebro seguramente tiene la capacidad de permetirnos de aprender una lengua, pero eso no es un mecanismo simple, y sólo la predisposición no es suficiente para adquirir un lenguaje.

 

Ejercicio 11: 

-Definición de qué es lenguaje: entre las asunciones filosóficas chomskyanas encontramos el hecho de que el objeto de estudio del lingüista es “la esencia” del lenguaje. Y por “esencia” del lenguaje, Chomsky no entiende otra cosa que gramática expresada en términos formales. Cualquier acto lingüístico que no sea expresable de un modo puramente formal no es “esencialmente lingüístico”, y por lo tanto no merece ser estudiado por el lingüista. 

-Aislamiento de la gramática formal: si la gramática está expresada de una manera formalizada, entonces necesariamente es independiente de otros aspectos que son inequívocamente lingüísticos, como la semántica. Pero también es autónoma con respecto a otras fuentes de limitaciones: corporales, cognitivas. Esto presenta varios problemas: el primero viene desde la neurociencia. Cuando Chomsky habla de un “módulo mental” del lenguaje, da por sentado que el lenguaje “sucede” en el cerebro, igual que el software funciona en un ordenador, y por lo tanto tiene que haber un correlato neuronal del lenguaje. Pero también se apresuran a señalar que el funcionamiento de ese módulo lingüístico es autónomo con respecto a cualquier otra actividad que no sea el propio lenguaje. En otras palabras, está aludiendo a una instancia neuronal. Por otro lado, los lingüistas no chomskyanos, o los más interesados por los datos empíricos, han confeccionado una larga lista de ejemplos en los que el lenguaje y la sintaxis son dependientes del contexto del hablante, o más comúnmente del significado de las instancias lingüísticas. Sólo por mencionar alguna evidencia, se ha comprobado cómo las transformaciones sintácticas de las frases con estructura coordinada, pueden, al menos en inglés, estar determinadas por el contenido semántico de la oración (por ejemplo, si se refiere a una secuencia de acciones ordenadas en el tiempo, o si se quiere poner de manifiesto una relación causal entre los elementos coordinados). Si la gramática se reduce a reglas formales que generan las frases autónomamente y que sólo después son interpretadas para darles significado, este tipo de evidencia es inexplicable.

– Innatismo. Lo cierto es que todo aprendizaje se asienta sobre sistemas que en último término han venido dados por la biología. Dicho esto, la visión más extrema del innatismo tampoco se sostiene, incluso desde el punto de vista neurológico: los bebés nacen con un número inmensurable de conexiones neuronales. Tantas que impedirían un funcionamiento normal típico de un adulto. Por eso, en los primeros años, la gran mayoría de esas conexiones desaparece, en función de cuáles se activan con mayor frecuencia y cuáles no se usan apenas. En segundo lugar, no sólo la neurociencia se opone a las formas radicales del innatismo, también la famosa navaja de Occam, el principio de parsimonia y elegancia al que se adscribe la ciencia en su conjunto. Y es que hay alternativas para explicar el lenguaje que no implican innatismo (ni otras asunciones chomskyanas).

– “Pobreza del estímulo”. Algunas investigaciones muestran que, de hecho, es habitual en la cultura occidental que los adultos empleen un lenguaje “simplificado” con los niños, y también que les corrijan y den instrucciones acerca de la gramática.